El Observador y su Mundo, de Rafael Echeverría

El Observador y su Mundo. Volumen I

La propuesta de la ontología del lenguaje se inscribe en el desafío que nos dejara planteado el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en el sentido de poner en cuestión aquella interpretación sobre el fenómeno humano, nacida en la antigua Grecia, que luego ganara hegemonía en el mundo occidental. A dicha interpretación la denominamos «programa metafísico».
Lo central del menaje de Nietzsche fue sostener que el mundo occidental ha terminado en un callejón sin salida del que resulta imperativo alejarse. Ello posiblemente implica volver atrás y rehacer nuevamente el camino. Habiendo sido fieles a los presupuestos metafísicos, hemos terminado por comprometer tanto nuestra capacidad de conferir sentido a nuestras vidas, como las modalidades de convivencia que establecemos con los demás. El programa metafísico, que nos fuera de gran poder y utilidad durante mucho tiempo, hoy entrega señales de haberse agotado y requiere ser sustituido por una concepción muy diferente del ser humano.

El Observador y su Mundo. Volumen II


El volumen I planteaba que para desplegar el potencial transformador de la acción humana, es necesario identificar sus dos condicionantes ocultas: el observador y el sistema. En este volumen II se continúa con el desarrollo iniciado en el volumen I sobre el observador y se examina el papel de las narrativas en los procesos de creación de mundo y de constitución del alma humana. En seguida se abordan lo que Echeverría designa como “los diez ejes fundamentales” del observador. A continuación, se abre la reflexión sobre la importancia del sistema como condicionante, tanto del observador, como de la acción. Este volumen concluye explorando la importancia del aprendizaje y la enseñanza como modalidades centrales de la transformación humana.