Por Marcelo Soto – Ex-Ante
Doctor en ingeniería biotecnológica y uno de los cerebros del rechazo al primer texto constitucional, Mario Waissbluth lanza una novela de ciencia ficción, “Ecos de la soberbia”, que explora los límites entre la ciencia y la ética. “Seguí algunas normas de Stephen King”, aclara.
-Tu novela es muy entretenida, presenta un mundo apocalíptico y podría inspirar una película de Hollywood. ¿Cómo un ensayista e ingeniero como tú llega a este género?
–“Ecos de la Soberbia” está escrito casi como el guión de una película, y en verdad cuando la fui escribiendo me iba imaginando las escenas tal cual. Pero contestando tu pregunta, fue un proceso largo. Hace tres años escribí mis “Recuerdos Descabellados”, una suerte de memorias, y que ya se alejaron un poco del ensayo. Luego, dada mi obsesión por la ciencia ficción y también por la divulgación científica, escribí un pequeño “divertimento” llamado “El Diario de Kyro”, donde mezclo extraterrestres con catástrofes pero a la vez divulgo conceptos científicos para el lector.
Como ves, no fue un giro tan brusco, pero no por ello fue menos complicado. El editor de “Ecos de la Soberbia”, Juan Carlos Saez, me hizo cariñosas pero duras críticas al borrador inicial, y me dijo “no puedes escribir una novela como si fuera un ensayo, el texto está demasiado plano, tienes que lograr que el lector tenga ganas de dar vuelta la página”.

-¿Cómo lo hiciste?
-Tuve que sudar para ponerle al relato más emociones, actores buenos, actrices malas, traiciones y conspiraciones. Seguí además una de las normas que utiliza Stephen King en sus novelas, de no planificar el contenido de los capítulos ni del final – todo lo contrario a lo que haría un ingeniero – sino dejar que los protagonistas adquieran vida propia y tomen sus decisiones sobre la marcha.
-La trama parte de experimentos con embriones de ratas en cuyos cerebros se inyectan células humanas que al crecer las hacen astutas e imparables. ¿Te preocupa que la humanidad corra el riesgo de la extinción?
-Esto no es ficción, es ciencia real, publicada en la revista Nature, y cuando me enteré del tema me fui de espaldas por las implicaciones éticas del asunto. Eso fue lo que me indujo a escribir esta novela, que en su primera página parte desde este punto… y después queda la crema. En general, el desarrollo desbocado de las ciencias biológicas y de la inteligencia artificial definitivamente nos puede generar crisis muy robustas, y es lo que implícitamente trato de advertir al lector con esta trama novelesca.
-La bomba nuclear tuvo su origen en teorías que en pocos años derivaron en Hiroshima y Nagasaki. ¿Piensas que la inteligencia artificial puede tener el mismo derrotero?
-Desde el primer artículo científico sobre la fisión del átomo de uranio, hasta Hiroshima, sólo transcurrieron ocho años. En el caso de la IA, hace un par de años, personajes de la talla de Elon Musk y Yuval Harari se unieron para pedir una moratoria, hasta no entender sus efectos. Como todas las moratorias de corte moral y sin castigo, no tuvo ningún efecto. Creo que el impacto de la IA será de una envergadura aún mayor que la energía atómica, pues va a influir en todo, y no tenemos la menor idea de cuánto de ello será positivo y cuánto negativo, comenzando por el desempleo masivo en muchas profesiones.
-Entiendo que Jaime Mañalich tuvo un rol importante en el desarrollo de la novela. ¿Cómo te ayudó?
-Me precio de una estrecha amistad con Jaime. Apenas leyó el primer borrador se apasionó por el tema y me dio no solo ánimos para seguir adelante, sino que se dio el trabajo de leerlo en detalle y corregirme párrafos completos. Él cree que hay que divulgar y advertir sobre estos desarrollos y sus consecuencias, y que esta novela puede ser un buen canal. Sin Sáez y sin Mañalich tal vez no habría habido “Ecos de la Soberbia”. Son los padrinos y parteros del libro en muchos sentidos.
-¿Ha cambiado tu manera de pensar en los animales, en el dolor y la conciencia que tienen? ¿Son sintientes como decía el texto de la convención constituyente que llamaste a rechazar?
-Definitivamente. Como la trama de la novela involucra otras especies animales, me tuve que meter a estudiar sobre las emociones, lenguaje y conciencia de cuervos, ballenas, monos, etc., y quedé absolutamente convencido de que son sintientes. En la novela menciono experimentos que comprueban el sentido de humor de los cuervos, el lenguaje de los chimpancés, el sentido de justicia de los macacos, y la solidaridad de las ballenas hacia los humanos, entre otros muchos.
Los homo sapiens no lo queremos reconocer simplemente porque nos gustan las hamburguesas y las escalopas de pollo. Que quede claro eso sí que nunca critiqué aquel engendro de la primera Constitución por el tema de los animales, sino por otras cosas extremadamente graves para el país.
-¿Cómo has vivido tu propia experiencia con la medicina y la “soberbia” que a veces se cuela en ciertas profesiones?
-Como sobreviviente de seis encontrones con el cáncer y con las secuelas de algunos de sus tratamientos, ya por 27 años, puedo decirte que muchos médicos me han salvado la vida, pero otros tanto cometió conmigo errores espantosos, que me dejaron secuelas hasta hoy… por soberbios e ignorantes, lo cual es una combinación letal. Mejor no sigo.
-También hay una sarcástica mirada al mundo de los papers universitarios. ¿Qué tan nefasta es esta presión por publicar?
-Viví en las tripas del monstruo científico tanto en México como en Chile y conozco bien el problema del “publish or perish”… si no publicas en revistas arbitradas y en inglés, te echan. Punto. No es tanto el afán de gloria, sino que es la única y absurda manera de las grandes universidades para evaluar y eventualmente ascender (o echar) a los investigadores, ya que no cuenta para nada la calidad de su docencia o de su vinculación con el medio.
Por ello, si a un investigador se le ocurre meterle células humanas al cerebro de una rata y de ahí puede sacar una serie de publicaciones, lo va a hacer inevitablemente, independiente de las consecuencias éticas, haya o no una moratoria sobre ese tema.
-Fuiste muy activo en criticar el proceso constitucional. ¿Cómo observas el final del gobierno de Boric y la actual campaña presidencial?
-Prefiero dejar pasar el tema en esta ocasión. Mi dedicación del momento es literaria y hace rato que dejé de leer las noticias políticas, menos aún las de esta paradojal campaña presidencial.
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