Jorge Claro lanza libro con plan para “volver a crecer”

El Mercurio | Domingo 27 de septiembre de 2026 | Economía y Negocios | Página B 18

El presidente del grupo Prisma cree que si Chile no hace cambios importantes, seguirá creciendo entre 1% y 2%, pero que eso no despeja los riesgos que se instalaron a partir del estallido de 2019. Y asegura que con su propuesta —»complementaria»— pueden volver las tasas de 4% y 5%. • Soledad Vial A.

Con Jorge Quiroz intercambió mensajes por varias semanas. El entonces encargado económico del candidato Kast quería conocer sus propuestas, pero el último wasap fue en noviembre. La elección, la instalación del Gobierno y sus agitados primeros seis meses diluyeron la comunicación.

Antes lo había intentado con Mario Marcel. De hecho, lo visitó con la entonces senadora Ximena Rincón, que interesada en su plan, lo contactó con el exministro de Hacienda.

Pero Jorge Claro no se rinde fácil. No lo hizo cuando tuvo que poner de acuerdo a los 32 clubes de fútbol chileno para vender el Canal del Fútbol, que él había creado y por el que recibió US$ 260 millones —con sus socios Gonzalo Martino, Jesús Díez y Hernán Bozzo—, en 2018. Entonces fue clave un hombre que partió a la misma hora que transcurría esta conversación.

“En 5 minutos entendió la propuesta de crear en conjunto un canal del fútbol, ​​se dio cuenta de que era imperativo para el éxito económico del fútbol chileno que este proyecto fuera exitoso”, dice Claro sobre Reinaldo Sánchez, el expresidente de la ANFP que murió el jueves.

“Es por lejos el mejor presidente que ha tenido el fútbol chileno, al menos merece una estatua en Quilín”, reconoce el presidente del grupo Prisma, que lidera su hijo Matías —también presidente de Cruzados—, con negocios en basura industrial, telecomunicaciones y avellanos europeos en Los Lagos.

Su cruzada personal hoy se llama “Chile puede volver a crecer”. Es el libro que lanza en octubre con prólogo del presidente de LyD, Luis Larraín, y presentaciones del exministro Carlos Cáceres, la ministra Rincón y el economista Klaus Schmidt Hebbel. Cuenta que lo escribió solo y “mucha IA adaptativa” para los cálculos y datos de una propuesta que lleva años masticando.

En simple, el empresario que trabajó en el Ministerio de Educación en los 70 pasó por el departamento de estudios del grupo Cruzat y en su consultora Claro y Asociados escribió una reforma de salud, “propone recaudar más para entregar más”. “El crecimiento sostenido es la condición indispensable para financiar una equidad duradera”, afirma.

Su propuesta combina una nueva forma de financiar el Estado con el pago por el uso de las vías públicas con una mayor recaudación de 8,5% del PIB, que reasigna a las personas a través de devoluciones directas a los quintiles más pobres y una agresiva agenda social en salud, empleo formal, construcción de 400.000 viviendas, y primera infancia, entre otros.

—¿Por qué ahora? “Pensé que había muchas cosas interesantes y que en este gobierno no se podían llevar a la práctica”, dice.

—¿Pensó o piensa?

—»Pensé y pienso, todavía es posible y por eso sigo insistiendo. La propuesta del ministro Quiroz va en la dirección correcta, pero es todavía insuficiente y perdió un poco el costo de oportunidad, porque el Gobierno todavía puede conseguir mayoría en el Congreso. ¿Qué pasa si junto con bajar el ‘impuesto a los ricos’, devuelve dos puntos del PIB a los cuatro primeros deciles? Mi propuesta es complementaria, una segunda etapa de reformas, que al beneficiar a los más vulnerables debiera contar con el apoyo de buena parte de la oposición en el PDG y la izquierda democrática».

—¿Es políticamente «indoloro» cobrar por el uso de las vías?, la gente ve el tag como impuesto…

—»Hay que comparar costo con beneficio. Propongo recaudar por el cobro de un derecho, no es un impuesto, porque la infraestructura vial es un monopolio natural de propiedad del Estado. Cobrar $50 por km recorrido a los vehículos livianos, con excepción de los primeros tres kilómetros, y $100 a los pesados, que destruyen las autopistas y lo van a traspasar a sus fletes. Por esta vía se recauda 8,5% del PIB, eso permite bajar el impuesto de primera categoría del 27% al 10%. Además, desincentiva eludir y evadir, y da un fuerte empujón para invertir».

—¿Y es viable si esta reforma se etiquetó «para los ricos» por bajar de 27% al 23%?

—»Como el Estado recibe esa enorme cantidad de recaudación, propongo devolver a los cuatro primeros deciles el IVA que hoy pagan, más el mayor costo por el impuesto al transporte, además de un subsidio decreciente que incluso alcanza un poco para el quinto decil. Más las otras medidas de la propuesta, eso acerca el Índice Gini de Chile al de Estados Unidos y al promedio OCDE».

«Hay que hacer cosas directas para la gente»

—¿Cree que el Gobierno tenía espacio político y fiscal para ser más agresivo?

—»Nunca hay, hay que crearlo. Jorge Quiroz hizo un buen trabajo, pero insuficiente, porque no tenía recursos para dar el chocolate que necesitaban los parlamentarios de izquierda. El Gobierno puede de analizarlo y hacer una segunda ola de reformas procrecimiento».

—¿Como el anunciado MK4?

—»Es interesante, pero hay que hacer otras cosas directas para la gente como un plan agresivo de subsidio al empleo, construir 400.000 viviendas, entre otras».

—Para decidirse a invertir, ¿no le parecen suficientes reintegración y rebaja tributaria, invariabilidad, permisos ágiles?

—»Por cambiar un par de cosas, la economía no va a recuperar un ritmo fuerte de crecimiento, ​​se está viendo cómo le cuesta. Es insuficiente, porque la izquierda dij ‘en cuatro años voy a dar vuelta todo'».

—La invariabilidad por 10 y 20 años para proyectos desde US$ 50 millones ¿no da más certeza?

—»El mayor resguardo es el crecimiento y no creo que lleguemos al 4%. Es un avance, pero dejemos a un lado los grandes proyectos de minería que no generan mucho empleo. Sumemos el impacto de la IA que va a empezar a hacer ruido; el empleo es lo más importante para la gente, no se puede hablar de crecimiento per cápita, de PIB; una familia de clase media baja gana el salario mínimo y si alguien comienza a recibir otro salario mínimo, es un cambio gigante. Y hace años que la gente pobre no ve eso».

Principales propuestas de «Chile puede volver a crecer»

Cuatro principios fundamentales tiene el libro de Jorge Claro:

  • Crecer para compartir: «Sin crecimiento vigoroso no existe política social sostenible».
  • «El crecimiento no es un fin en sí mismo, sino el medio para crear empleos, mejorar salarios y financiar salud, educación, vivienda, seguridad y pensiones».
  • Impuestos simples, pocos y masivos: «Es mejor cobrar poco a muchos que mucho a pocos».
  • «Un Estado que sirva».
  • La infancia está primero: «La desigualdad más decisiva se origina entre el nacimiento y los seis años».

Su propuesta principal apunta a una nueva forma de financiar el Estado, cobrando menos a la inversión y el empleo formal y más por el uso de infraestructura pública, las externalidades y la evasión. Eso generaría una recaudación bruta adicional de 8,5% del PIB, todo con cálculos y montos detallados en cada propuesta.

Con estos recursos se propone: reducir gradualmente el impuesto de primera categoría de 27% a 10%, imponer depreciación instantánea permanente y invariabilidad tributaria por diez años, renovable por otros diez; mantener el IVA en 19% y devolverla a los cuatro primeros deciles por lo que pagan actualmente como por la incidencia estimada de los nuevos derechos de uso; una devolución complementaria al quinto decil y un subsidio directo decreciente hasta ese mismo decil, apuntando así al 40% más pobre de la población.

Además detalla con cifras y cálculos planes agresivos en seguridad, empleo formal —con un fondo especial para 319.000 jóvenes nini—, salud, vivienda, primera infancia —focalizado en los niños de los cuatro primeros deciles—, pensiones y apoyo a las mipymes, también eliminar impuestos distorsionadores y eximir parcialmente de contribuciones a la primera vivienda de los adultos mayores, hasta un avalúo fiscal de referencia de 10.000 UF.

Y no olvida a la estatal Codelco que propone transformar gradualmente en sociedad anónima abierta, mediante aumentos de capital sucesivos que le permitan reducir deuda y financiar proyectos rentables. El Estado no vendería sus acciones y tampoco retiraría recursos, ni bajaría del 50% de la propiedad.

«Los empresarios hicieron un cierto voto de confianza»

—¿Cómo explica el gran optimismo en bolsa, el año pasado?

—»Los empresarios hicieron un cierto voto de confianza por la expectativa de un gobierno de derecha que se veía interesante, que iba a tener mayoría en el Congreso, que pudo tener mejores pactos (…). Hoy se ve que el Presidente no la tiene fácil en el Congreso y que ofreció poquito, porque sin recaudar más no se puede hacer más».

—El grupo Prisma ¿está invirtiendo?

—»Hemos invertido en pocas cosas, porque evaluamos bien y no es fácil encontrar proyectos de inversión rentables con los riesgos que andan dando vueltas. El riesgo país creció por el estallido y el proyecto de nueva Constitución, y quedó dando vueltas en líderes de la izquierda de que cuando se pueda lo van a hacer».

—¿No será que los empresarios chilenos se acostumbraron a negocios con rentabilidades muy altas?

—»Puede ser, pero ha habido cambios muy drásticos en el país. Creció a tasa promedio de 5,6% anual entre 1984 y 2012 y a solo 2,1% entre 2012 y 2025, cuando vinieron la reforma tributaria de 2014 y el proyecto de nueva Constitución, entre otras cosas. El estallido viene de una diferencia en las expectativas que eran enormes cuando se crecía al 4% y de golpe y porrazo empezamos a crecer al 2% o menos».

—¿No ve cambio ahora en las expectativas?

—»¿Cuántas inversiones nuevas hay? Con subsidio y todo, cuesta vender las casas, la gente teme que no podrá pagar. Hay que hacer un cambio drástico para que eso se revierta; es malo cuando se generan esperanzas (…), el famoso ‘bencinazo’ fue terrible».

—¿Había alternativa? El ministro Quiroz dice que no, por las débiles cuentas fiscales.

—»Se pudo subir el diésel, porque los camioneros van a traspasar el mayor costo, pero el mal ánimo fue por el alza de la gasolina. Habría que haber aguantado el primer mes de subir las gasolinas, la mitad el segundo y ver qué pasaba al tercero. Eso costaba como US$ 100 millones (…); el apoyo al Gobierno cayó 14 puntos en un mes».