Descripción
Chile creció. Chile se estancó. Chile puede volver a crecer. Entre 1984 y 2012, Chile multiplicó por 4,5 el tamaño de su economía, más que triplicó el ingreso por habitante y redujo la pobreza desde cerca del 45% al 15%. Fue un caso admirado en la región. Pero desde 2013 el país crece al 2,1% anual y su ingreso por habitante apenas al 1,1%, contra el 5,6% y el 4,2% de las tres décadas anteriores. La diferencia parece pequeña, pero no lo es: al 4,2% anual el ingreso por habitante se duplica en diecisiete años; al 1,1%, en sesenta y tres. Para un niño que nace hoy, es la distancia entre ver doblarse el ingreso de su país al alcanzar la mayoría de edad o recién al llegar a la vejez.
Mientras tanto, la inversión retrocede, la productividad se estanca y la clase media —el gran logro de aquellos años— siente que pierde terreno. Si Chile hubiera mantenido su ritmo, su producto por habitante sería hoy alrededor de un 50% mayor y ocuparía siete lugares más arriba en la tabla de la OCDE.
Este libro parte de una convicción simple: el estancamiento no es destino, sino el resultado de decisiones. Y las decisiones se pueden cambiar.
Jorge Claro Mimica propone una nueva forma de financiar al Estado. La red vial chilena vale cientos de miles de millones de dólares y hasta hoy se presta gratis: cobrar un derecho por su uso —como se hace con cualquier activo valioso— permite bajar el impuesto a las empresas al 10%, atraer inversión y crear empleo formal, sin subir la carga tributaria. Y permite algo más: devolver el IVA a los cuatro primeros deciles de la población, junto a un impuesto negativo al ingreso, con lo que Chile pasaría a tener la mejor distribución del ingreso de Latinoamérica.
Sobre esa base, cada capítulo desarrolla una propuesta cuantificada y escrita en lenguaje claro: 100.000 viviendas sociales al año mediante concesiones habitacionales; una salud que integra para prevenir, resolver y cuidar; la primera infancia primero y una educación para la era de la inteligencia artificial; pensiones, seguridad, inmigración ordenada, pymes, Codelco y defensa. Todo articulado en torno a un mismo propósito: activar la economía, modernizar el Estado y devolver a las familias la esperanza de la movilidad social.
No se trata de inventar un país ideal, sino de recuperar lo que ya supimos construir. Menos búsqueda de culpables y más construcción de soluciones; menos rabia y más sentido común.
Porque sin crecimiento, ninguna promesa social es sostenible. Y porque Chile ya lo logró una vez.
La pregunta que recorre estas páginas es también una invitación: ¿nos atreveremos a ordenar la casa para volver a crecer?






